Ya me estoy yendo, así que, como buen sitcom fuera de temporada, los dejo con un post repetido. No se preocupen, es de abril del año pasado, por lo que supongo que a algunos ya se les habrá olvidado y otros (la mayoría), no lo habrán leído todavía.
Ahora, un momento para ponerme mis moños: Si puedo, escribiré de Orlando; un huracán inminente puede darme mucho tiempo libre dentro de un refugio, con la agradable compañía de media centena de gringos obesos peleando a muerte por el último Twinky de vainilla. Por supuesto, cabe la posibilidad de que me mantenga ocupado por la arrebatadora pasión sin compromisos de siete gringas impresionadas por conocer a un auténtico
latin lover de pelo en pecho (bueno, nada más alrededor de los pezones y un poco en el esternón), pero mi novia no cree que suceda esto último. De hecho, se carcajeó.
Bueno, hasta pronto, he aquí la repetición de mis.....
Apuntes para una Teoría General del Bluff
El original de este manuscrito corresponde a la conferencia que pronuncié en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Coapa (mal llamado “Ciudad de México), por invitación de la Fundación Perisur, y que posteriormente fue publicado por la Unión de Fabricantes de Engomados para Tesorería. Mi agradecimiento a todos ellos.
Comenzaré delimitando el concepto “bluff” a partir de su utilización genérica en las ciencias matemáticas, concretamente el póker. Se llama bluff a la estrategia consistente en simular mediante signos exteriores la posesión de una mano ganadora cuando en realidad se tiene una de menor (o incluso nulo) valor. Este engaño tiene por objeto disuadir a los demás jugadores de entrar en la ronda, haciendo ganador al que utiliza el “bluff”, o bluffer. La ostentación de los signos exteriores a que hago referencia puede resultar en funestas consecuencias para el bluffer si uno de los jugadores, con una mano ganadora, decide acompañarlo en su apuesta, toda vez que en realidad el bluffer no trae nada.
En este marco es donde se transporta el concepto a las ciencias sociales, para caracterizar el bluff como un conjunto de actitudes que no corresponden con el nivel económico real de una persona, en un afán de ser ubicado socialmente en un entorno que le es ajeno. Para evitar entrar en párrafos farragosos, ilustraré el concepto con una anécdota. Mi madre tenía una amiga que era una profesional del bluff; hablaba de los viajes intercontinentales que a menudo realizaba, las compras prohibitivas que había realizado (llevaba siempre ropa de marca, pero pirata) y la majestuosidad de su abolengo familiar. Normalmente, terminaba pidiéndole prestado a mi madre. Este último punto ilustra la dificultad de mantener adecuadamente el bluff, y representa el conflicto entre los signos exteriores y la jodida realidad.
El bluff, como fin en si mismo, es una actividad cara y vacía. Cobra algo de sentido como medio para acceder a cierto círculo social sólo en la medida en que se procuren los recursos para mantenerse ahí, como es casarse con alguien rico y/o hacer negocios con alguien rico. Desafortunadamente, es común ver que por una extraña lógica, el bluffer tiende a juntarse con otro bluffer sin darse cuenta, cada uno engañando al otro hasta que, demasiado tarde, se percatan de que ninguno de los dos tiene dónde caerse muerto. No abundaré demasiado sobre este punto, que con profundidad trata el doctor Thomas Collins en “Mary P. Will you take me to Bluffy Town?”, del que desafortunadamente no existe traducción al español, pero en el que (a través de un sesudo estudio de caso) se delinean los avatares de convivir con un profesional del bluff, como es la espiral inflacionaria de los signos exteriores del bluff. Esta espiral, reseña Collins, se abre en el momento en que el entorno social del bluffer empieza a sospechar de su nivel económico real, viéndose el bluffer obligado a desplegar signos cada vez más ostentosos de sus pretensiones, alimentando con ese esfuerzo las sospechas, hasta llegar a lo que Collins denomina “punto de quiebra”, es decir, de quiebra del proveedor del bluffer.
La cuestión del proveedor del bluffer ha sido tratada tangencialmente en la novela existencialista de Louis Coronné “Touts voilé me amarré”, o “Todas quieren amarrarme”, pero poco se ha estudiado en ámbitos académicos. Por esa razón me encuentro realizando un proyecto de investigación sobre el tema, a través del seguimiento de una estudiante voluntaria, a la que para proteger su identidad llamaremos únicamente A.S. Un análisis del patrón de gastos y de la lista de amistades de esta chica la ubica perfectamente como bluffer profesional, y acaso uno de los mejores que me ha tocado estudiar. Esto debido fundamentalmente a un proveedor que, encontrándose en un magnífico momento profesional y siendo de una bondad excepcional, es capaz de permitirle a la bluffer, (por tiempo limitado dada la próxima jubilación del proveedor), un conjunto de signos exteriores casi perfecto para mimetizarse con estratos sociales más altos. Obviamente, son necesarios más años de estudio antes de poder publicar resultados experimentales que soporten plenamente los apuntes para la teoría general que hemos ido bosquejando, en especial respecto del “punto de quiebra” de Collins, que deberá producirse en algún momento de los próximos dos años a menos que la bluffer encuentre a otro proveedor. Lo interesante del caso es que incluso en las condiciones particularmente benignas relatadas hasta ahora, la bluffer ha seguido los patrones anteriormente apuntados de empatía con otros bluffer, por lo que el surgimiento de un nuevo proveedor puede resultar en una sorpresa más bien desagradable.
Para los que en su momento leyeron mis “Apuntes para una Teoría General de la Mujer Malvada”, no debe parecerles raro lo inacabado de este tema, así como la falta de bibliografía (al contrario de lo que sucede con “....Mujer Malvada”). Sin embargo, en este momento en varias universidades y pink panks (como se denomina a los think thanks patrocinados por cierta fundación telefónica) se encuentran en proceso de gestación cuando menos media docena de trabajos que llevarán a la Teoría General del Bluff a ubicarse en el espectro de esa Nueva Física Urbana a la que pertenecen la Teoría General de la Botarga, la Teoría General del Soundtrack y la Teoría General de la Tanga Verde Limón, y que ha producido verdaderos hitos conceptuales como la constante Escalante-González (o González-Escalante, según a quien se le pregunte) y de la que es precursor Michel Schwulera, ese Max Planck del siglo XXI, a quien con toda humildad dedico el presente trabajo. Muchas gracias.