jueves, septiembre 07, 2006

Secuaces

Agencia Proceso
Rafael Escalante, sospechoso aliado de la derecha norteamericana, realizó una gira entreguista en favor de los señores del dinero. En la foto se le ve posando con el Capitán América, encargado de la ceremonia protocolaria, y sosteniendo una bolsa con las escrituras del Istmo de Tehuantepec, que fue donado a los Estados Unidos de América en señal de sumisión a los poderes fácticos de la reacción.

jueves, agosto 31, 2006

Ya me estoy yendo, así que, como buen sitcom fuera de temporada, los dejo con un post repetido. No se preocupen, es de abril del año pasado, por lo que supongo que a algunos ya se les habrá olvidado y otros (la mayoría), no lo habrán leído todavía.

Ahora, un momento para ponerme mis moños: Si puedo, escribiré de Orlando; un huracán inminente puede darme mucho tiempo libre dentro de un refugio, con la agradable compañía de media centena de gringos obesos peleando a muerte por el último Twinky de vainilla. Por supuesto, cabe la posibilidad de que me mantenga ocupado por la arrebatadora pasión sin compromisos de siete gringas impresionadas por conocer a un auténtico latin lover de pelo en pecho (bueno, nada más alrededor de los pezones y un poco en el esternón), pero mi novia no cree que suceda esto último. De hecho, se carcajeó.

Bueno, hasta pronto, he aquí la repetición de mis.....


Apuntes para una Teoría General del Bluff

El original de este manuscrito corresponde a la conferencia que pronuncié en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Coapa (mal llamado “Ciudad de México), por invitación de la Fundación Perisur, y que posteriormente fue publicado por la Unión de Fabricantes de Engomados para Tesorería. Mi agradecimiento a todos ellos.

Comenzaré delimitando el concepto “bluff” a partir de su utilización genérica en las ciencias matemáticas, concretamente el póker. Se llama bluff a la estrategia consistente en simular mediante signos exteriores la posesión de una mano ganadora cuando en realidad se tiene una de menor (o incluso nulo) valor. Este engaño tiene por objeto disuadir a los demás jugadores de entrar en la ronda, haciendo ganador al que utiliza el “bluff”, o bluffer. La ostentación de los signos exteriores a que hago referencia puede resultar en funestas consecuencias para el bluffer si uno de los jugadores, con una mano ganadora, decide acompañarlo en su apuesta, toda vez que en realidad el bluffer no trae nada.

En este marco es donde se transporta el concepto a las ciencias sociales, para caracterizar el bluff como un conjunto de actitudes que no corresponden con el nivel económico real de una persona, en un afán de ser ubicado socialmente en un entorno que le es ajeno. Para evitar entrar en párrafos farragosos, ilustraré el concepto con una anécdota. Mi madre tenía una amiga que era una profesional del bluff; hablaba de los viajes intercontinentales que a menudo realizaba, las compras prohibitivas que había realizado (llevaba siempre ropa de marca, pero pirata) y la majestuosidad de su abolengo familiar. Normalmente, terminaba pidiéndole prestado a mi madre. Este último punto ilustra la dificultad de mantener adecuadamente el bluff, y representa el conflicto entre los signos exteriores y la jodida realidad.

El bluff, como fin en si mismo, es una actividad cara y vacía. Cobra algo de sentido como medio para acceder a cierto círculo social sólo en la medida en que se procuren los recursos para mantenerse ahí, como es casarse con alguien rico y/o hacer negocios con alguien rico. Desafortunadamente, es común ver que por una extraña lógica, el bluffer tiende a juntarse con otro bluffer sin darse cuenta, cada uno engañando al otro hasta que, demasiado tarde, se percatan de que ninguno de los dos tiene dónde caerse muerto. No abundaré demasiado sobre este punto, que con profundidad trata el doctor Thomas Collins en “Mary P. Will you take me to Bluffy Town?”, del que desafortunadamente no existe traducción al español, pero en el que (a través de un sesudo estudio de caso) se delinean los avatares de convivir con un profesional del bluff, como es la espiral inflacionaria de los signos exteriores del bluff. Esta espiral, reseña Collins, se abre en el momento en que el entorno social del bluffer empieza a sospechar de su nivel económico real, viéndose el bluffer obligado a desplegar signos cada vez más ostentosos de sus pretensiones, alimentando con ese esfuerzo las sospechas, hasta llegar a lo que Collins denomina “punto de quiebra”, es decir, de quiebra del proveedor del bluffer.

La cuestión del proveedor del bluffer ha sido tratada tangencialmente en la novela existencialista de Louis Coronné “Touts voilé me amarré”, o “Todas quieren amarrarme”, pero poco se ha estudiado en ámbitos académicos. Por esa razón me encuentro realizando un proyecto de investigación sobre el tema, a través del seguimiento de una estudiante voluntaria, a la que para proteger su identidad llamaremos únicamente A.S. Un análisis del patrón de gastos y de la lista de amistades de esta chica la ubica perfectamente como bluffer profesional, y acaso uno de los mejores que me ha tocado estudiar. Esto debido fundamentalmente a un proveedor que, encontrándose en un magnífico momento profesional y siendo de una bondad excepcional, es capaz de permitirle a la bluffer, (por tiempo limitado dada la próxima jubilación del proveedor), un conjunto de signos exteriores casi perfecto para mimetizarse con estratos sociales más altos. Obviamente, son necesarios más años de estudio antes de poder publicar resultados experimentales que soporten plenamente los apuntes para la teoría general que hemos ido bosquejando, en especial respecto del “punto de quiebra” de Collins, que deberá producirse en algún momento de los próximos dos años a menos que la bluffer encuentre a otro proveedor. Lo interesante del caso es que incluso en las condiciones particularmente benignas relatadas hasta ahora, la bluffer ha seguido los patrones anteriormente apuntados de empatía con otros bluffer, por lo que el surgimiento de un nuevo proveedor puede resultar en una sorpresa más bien desagradable.

Para los que en su momento leyeron mis “Apuntes para una Teoría General de la Mujer Malvada”, no debe parecerles raro lo inacabado de este tema, así como la falta de bibliografía (al contrario de lo que sucede con “....Mujer Malvada”). Sin embargo, en este momento en varias universidades y pink panks (como se denomina a los think thanks patrocinados por cierta fundación telefónica) se encuentran en proceso de gestación cuando menos media docena de trabajos que llevarán a la Teoría General del Bluff a ubicarse en el espectro de esa Nueva Física Urbana a la que pertenecen la Teoría General de la Botarga, la Teoría General del Soundtrack y la Teoría General de la Tanga Verde Limón, y que ha producido verdaderos hitos conceptuales como la constante Escalante-González (o González-Escalante, según a quien se le pregunte) y de la que es precursor Michel Schwulera, ese Max Planck del siglo XXI, a quien con toda humildad dedico el presente trabajo. Muchas gracias.

viernes, agosto 25, 2006

¿Qué sucede? Pues sucede que tengo dos posts que no acaban de cuajar. Y cuajar es el término más adecuado, porque sus líneas todavía son inconsistentes e insípidas. Ah, sí, cuando queden estarán chistosones (espero), pero todavía no son nada, situación que a veces me desespera, porque me imagino los textos y me imagino riéndome mientras los escribo, pero al sentarme, las palabras que me salen no provocan la más mínima reacción. No hay nada más patético que un chiste que se ceba.

No negaré que me encuentro en una ligera depresión, fundamentalmente a causa de que Plutón ya no es planeta y eso siginifica que pasé los primeros diez días de preprimaria aprendiéndome una canción que resultó ser astronómicamente incorrecta y que además ahora es cacofónica: mercurio, venus-tierra, marte-júpiter-saturno, urano y neptuno, por lo que supongo que dejarán de cantarla en el kínder de Miss Tota. Ahora bien, hay algo que no entiendo, hace unos días había leído la propuesta de aumentar el número de planetas a 11, y estaba complacido, porque dije: "A huevo, ya no me los tuve que aprender, que se frieguen los que están ahora en prepri". Pero ahora, no solo resulta que no se añaden, sino que se quitan, lo que me descorazona. Bueno, basta de hablar de un tema que seguro se comentará con mayor profundidad o humor en otros sitios de la ñoñósfera.

Como esto ya está tomando claros tintes de post al chingadazo, terminaré lo antes posible, con la sección de noticias personales. Primero, a partir del próximo mes estaré colaborando en una revista en línea que, me parece, habrá de llamarse Corner Magazine, y que, a decir de sus fundadores (por ahora sólo tienen blog), estará dedicada a comunicación, moda y diseño. Los que conocen mi vestuario y los muebles de mi casa seguro ya se estarán riendo. Callen, víboras; mi participación se encuentra más bien en el rubro de crónicas y reseñas, medio ciertas y medio falsas; es decir, más o menos lo que hago en este blog, pero con un diseño más bonito y fotos y todas esas cosas que no puedo hacer porque mi conocimiento del html es muy limitado.

Segunda noticia, estoy por tomar unas vacaciones e irme al sitio más coapo que se me ocurre: Orlando. Si a alguien se le ofrece algo, por favor avíseme.



miércoles, agosto 23, 2006

Hoy no hay post, pero dése una vueltecita mañana, como a esta hora; no, no, mejor un poquito más tarde.

miércoles, agosto 16, 2006

Mano Izquierda

Recientemente se ha especulado sobre un post anterior dedicado a los desayunos en el campamento perredista. Hay quien dice que soy un siervo de la derecha, hay quien considera que esa visita es el primer paso de una fiebre revolucionaria que acabará por consumirme. Hay, incluso, quien cree que el relato es cierto. A este último sector le comunico que participé en el rescate de los tres pescadores que salieron de San Blas y terminaron en Australia; sucedió cuando entré en la sala central de radares de la Armada de México y dije: ¿qué es esa manchita en la pantalla, junto a las Islas Marshall? El resto es historia.

Pero para acabar con cualquier interrogante sobre mis ideas políticas, ofrezco los siguientes párrafos, estos sí reales (bueno, más o menos), sobre mi envolvimiento con la izquierda.


Dos veces he respaldado públicamente a Cuauhtemoc Cárdenas, y ambas han sido por un interés oportunista del que me avergonzaría si no fuera tan cínico. La primera fue en 1997, cuando andaba quedando bien con una novia que estudiaba Derecho en la UNAM, y durante un mitin en C.U., al hacerse el silencio entre discursos, con la voz encendida grité "Cuauhtemooooccccc, te quereeeeeemooooooos". Con el pecho inflamado de orgullo, miré a los ojos a mi novia, y le agarré una nalga.

La segunda fue en la campaña presidencial del 2000. Una fundación que me becó los cinco años de la carrera, organizó una edición especial del programa de Aguilar Camín, Zona Abierta, con Jesús Silva-Hérzog Márquez, Germán Dehesa y algún otro comentarista que no estoy seguro si era Federico Reyes Heroles o Arturo Brizio. El público estaba integrado por doscientos becarios con una magnífica opinión de si mismos y muy poca modestia, lo que nos identificaba con los panelistas. Yo le había prometido a mi madre que saldría en la televisión, pero a mitad del programa me dí cuenta de que difícilmente me dejarían hablar, enfrascado como estaba Aguilar Camín en darle la palabra a tarugos que iniciaban su alocución con un "nosotros, los jóvenes...esto" o "nosotros, los jóvenes....aquello". Mi oportunidad vino en el último corte para comerciales, en el que pidieron la intervención de tres (sí, adivinó usted) jóvenes del público que se pronunciaran por alguno de los partidos políticos punteros en aquella contienda electoral. Eran los tiempos en que la marejada del voto útil arrasaba con todo y podías leer a Octavio Rodríguez Araujo en La Jornada pidiendo el voto para Vicente Fox, así que sobraban voluntarios para el PAN. También había muchos voluntarios para apoyar el PRI, que era la opción conservadora de un sinnúmero de valientes clasemedieros. En el instante en que me di cuenta de que nadie se aventaba a apoyar a Cárdenas (con quien además se habían cebado los comentaristas durante el programa), alcé la mano y dije yo. Mis amigos me vieron con una mezcla de asombro y pena ajena, mientras yo encogía los hombros como borracho jurado que le dice a su esposa "¿si ya sabes que así soy, pa' qué me dices?". El tono de mi defensa del Ingeniero fue mesurado e institucional, tomando como ejemplo al progresismo europeo que abraza la globalización pero que tiene un programa social extenso como base de su acción. Mi madre me dijo que la televisión me mostraba calvo y gordo.

Pues ayer me volví a encontrar con Cuauhtemoc Cárdenas, cruzando la calle en un su carro. Pasó lentamente frente a mi auto, dudando si le cedería el paso. Con el súbito recuerdo de Ciudad Universitaria, saqué brazo y cabeza por la ventana y le grité, como hace nueve años, "Cuauhteeeemoc, te quereeeemooos". Afortunadamente, nadie me vio.

viernes, agosto 11, 2006

Consucompermiso

Me van a pasar a disculpar, pero resulta que ayer se me metió el agua a la sala, llevándose un sofá, un diván y un globo terráqueo de estilo mafaldesco que, ahora sí, está compuesto en tres cuartas partes por agua. Así que tendremos que esperar un par de días para el siguiente post, al menos en lo que seca mi computadora (y diversos juegos de ropita interior que por esa y otras causas no me puedo poner).